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Mensaje de éxito y reflexión, por Alejandra Stamateas, del Ministerio Presencia de Dios.
Filipenses 1:6: "Estoy convencido de esto, el que comenzó tan buena obra en ustedes la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús."

¿Por qué Dios sana a unas personas y a otras no? Qué pasa si hemos usado toda nuestra fe, todos los recursos que nos da la ciencia, todos los recursos espirituales y, sin embargo, una persona no sana, sigue teniendo esa enfermedad, o tal vez se murió.
¿Cuántos tienen seres queridos que se murieron? La mayoría. ¿Y cuántos tienen personas que están enfermas? Muchos. ¿Y cuántos tienen personas que sí se han sanado? Muchos, gracias a Dios.
Quiero aclarar algunos conceptos.
1) Dios no genera la enfermedad.
Eso lo tenés que tener bien en claro. Dios no manda "enfermedad" a nadie, porque "enfermedad" nunca le dio gloria a Dios. Lo que le da gloria a Dios es la sanidad de una enfermedad, no la enfermedad. Por eso, Dios no es el autor de ninguna enfermedad.
2) La enfermedad puede proceder porque estamos en un mundo caído, en un mundo que está bajo maldición.
Entonces, uno puede contagiarse de cualquier virus, cualquier bacteria que ande por allí. Una enfermedad te la podés contagiar de cualquier cosa. Estamos en un mundo que está caído. Por eso, Jesús vino para redimirlo. Y aquel que conoce a Jesucristo lo redime de esa situación, pero seguimos viviendo en este mundo. Y como estamos en este mundo,  aunque no somos de este mundo, lo cierto es que estamos en este mundo. Y a veces, nos podemos contagiar cualquier bacteria o virus que haya por ahí.
3) Hay personas que se enferman porque están en pecado.
No toda enfermedad es producto del pecado. Antiguamente se creía que sí, que toda enfermedad era producto del pecado. Por eso, cuando alguien se enfermaba decían: "Por algo será. Algo habrás hecho." Hay enfermedades que vienen como producto del pecado. Es muy simple. Si vos chequeás tu vida, hacés un test de tu vida, y ves que hay algún pecado, que no estás apuntando al blanco, decís: "Señor, perdóname por este pecado." Y la enfermedad se va inmediatamente. Pero no toda enfermedad tiene que ver con el pecado.

    Hay enfermedades, como dijimos, que vienen por el mundo caído.
    Hay otras enfermedades que vienen por malas decisiones que han tomado, malas decisiones que tomamos con nuestro cuerpo.
        No tenemos que comer sal y comemos.
        No tenemos que comer grasas y comemos.
        Nos tenemos que cuidar.
        Vamos con el auto o con la moto y tenemos un accidente.

            Un montón de cosas que nos pueden ocurrir por malas decisiones que tomamos.

    Y hay otras enfermedades que recibimos por herencia, de generación en generación. "Nuestra mamá tuvo diabetes, nuestra abuela tuvo diabetes, y luego, nosotros tenemos diabetes." La vamos recibiendo por herencia.
    Y otras enfermedades, que son la mayoría, vienen por problemas emocionales, y pueden afectar bastante el cuerpo y de eso te voy a hablar hoy.

Dios no causa ninguna enfermedad, Dios sí quiere sanar todas las enfermedades.
A Él le provoca placer sanar y quiere, está decidido a sanar, y tiene el poder para sanar cualquier enfermedad. Y eso lo tenemos que creer.
El único que puede y que quiere sanarnos es Dios.
Vamos a ver cómo sana Dios a una persona:
1) Dios puede sanar a una persona porque la persona tiene fe. Entonces, vos tenés fe, decís: "Dios me va a sanar." Y te sana.
2) Dios puede sanar a una persona porque otros que están alrededor de ella tienen fe. Y entonces, Dios sana por la fe de los otros. En la Biblia tenemos varios casos de esos. Los de alrededor tenían fe y la persona fue sanada.
3) Pero Dios puede sanar aunque vos no tengas fe y los de alrededor no tengan fe. Dios ha sanado a un montón de personas que no tienen fe en Dios, que no quieren saber nada de Dios, pero, sin embargo, recibieron un milagro, recibieron una sanidad. ¿Conocen gente que recibieron una sanidad, a pesar de que no buscan a Dios, no tienen fe ni nada?
En la Biblia está el caso de ese hombre ciego que fue sanado, que dijo: "Lo único que sé que antes no veía y ahora veo". O sea, ni sabía quién lo había sanado. No puso la fe en Jesús. No dijo: "Este hombre me va a sanar." "Creo en vos, Jesús, sáname." "No, no sé ni quién era. Sólo sé que antes no veía y ahora veo." O sea, este hombre no tenía fe.
Y cuántas sanidades hay que hizo Jesús, quien iba y se acercaba a la persona enferma. La persona enferma no se acercaba a Jesús. Iba Jesús, se acercaba y lo sanaba. O sea, la persona no había puesto ninguna fe. Era el poder de Jesús que sanaba a la persona aunque no tuviera fe. Dios te puede sanar teniendo fe, Dios te puede sanar porque tus amigos tienen fe o Dios te puede sanar aunque no tengas fe.
4) Dios sana a través de la ciencia. La ciencia médica es creación de Dios. O sea, que hoy vos vas al médico, te da el tratamiento correcto y te sanaste. Y eso es un milagro de Dios, porque la ciencia es una creación de Dios. Dios creó la capacidad para que el hombre investigue y pueda estudiar, analizar las enfermedades y ver de qué manera esa enfermedad se cura.
Entonces, cuando vos sos sanado por un remedio que te dio el médico, o un tratamiento, también es una manera en que Dios sana. Por eso, siempre tenés que ir al médico, porque también es la manera de obrar de Dios. Porque Dios tiene múltiples maneras de obrar una sanidad. Dios no tiene un libreto. Dios dice: "Yo voy a hacer algo." "Vos lo único que tenés que saber es que Yo quiero sanar."
¿Cuántas veces hemos escuchado aquí a las personas contar que fueron sanadas por leer el libro de los pastores Felipe y Samuel? Leyeron el libro y fueron sanados, porque algo ocurrió en la vida de esa persona, y el poder de Dios obró dentro de la vida de esa persona. ¿Por leer un libro? Sí. Por leer un libro. ¿Por qué no? Dios sana como Él quiere.
Nosotros siempre tenemos que usar todos los recursos que están a nuestro alcance cuando hay una persona que está enferma, siempre. Todos los recursos naturales y todos los recursos espirituales. Nunca te canses de usar los recursos. Nunca. Todo lo que hagas está bien.
Si orás más veces, si ayunás, si ungís con aceite, si llamás a otros para que se junten a orar por el enfermo, si lo traés acá a la iglesia, si traés una prenda del enfermo, algo que use ese enfermo, lo que sea, le imponés las manos, todo recurso lo tenés que usar. Ir a tal médico, ir a tal otro, investigar en otro lugar, todo lo tenés que hacer.
¿Qué pasa cuando usás todos los recursos y la sanidad no viene? O la persona se murió. Quedás devastada, desgastada. ¿Y qué pasa? Porque vos te empezás a preguntar por qué Dios no lo sanó.

    ¿Por qué tengo que vivir con un hijo enfermo hace tantos años y no le encuentro la vuelta?
    "- No hay manera. Ya hice todo, pastora. Ya oré, ya ungí, ya fui acá, ya fui allá, pero, sin embargo, no hay sanidad."

Entonces, ¿qué está pasando? Empezás a dudar de tu fe, empezás a dudar de Dios. Dios no lo querrá sanar. Dios siempre quiere sanar. Entonces, te hago la siguiente pregunta: La persona que está físicamente enferma, ¿se sana sólo cuando se terminó esa enfermedad? Te lo vuelvo a preguntar: ¿Una persona que tiene una enfermedad física se sanó porque se fue la enfermedad? Vamos a responder esta pregunta.
Nosotros no somos sólo un cuerpo físico. Y la mayoría de las veces, cuando tenemos un problema en nuestro cuerpo físico. El cuerpo físico es la voz de algo que está pasando internamente, que tal vez, muchas veces, no le estamos dando atención. Hay algo dentro nuestro que no le prestamos atención, y de pronto, se manifiesta lo de adentro con la voz del cuerpo.
El cuerpo no puede mentir. ¿Sabían que el cuerpo no puede mentir por más que quiera? Cualquiera que sabe analizar qué gesto hiciste, qué expresión hiciste, ve que nuestra alma miente. Nosotros podemos mentir todo el tiempo, pero nuestro cuerpo no.
Entonces, ¿por qué nos enfermamos? Porque cuando hay mucha disonancia entre el alma y el cuerpo, el cuerpo se termina enfermando. Cuando no somos sinceros con nosotros mismos, nuestro cuerpo se termina enfermando.
Supongamos que una mujer encuentra un trabajo, y es muy feliz, porque encontró el trabajo de sus sueños. Y entonces está contenta porque va a desarrollar todo su potencial, lo que siempre quiso en la vida.
Pero, por el otro lado, internamente, tiene una gran culpa, porque tiene que dejar a sus hijos. Ahora, si esa culpa es más fuerte que su deseo de desarrollar su potencial y no la puede superar, su interior le va a estar dando un mensaje distinto a lo que su cuerpo está sintiendo. Y ahí se va a producir la enfermedad. Y tal vez esa persona se enferme.
Cuando nos enfermamos, nuestra energía baja, desciende, nos debilitamos, y al debilitarse nuestro cuerpo y nuestras defensas, nos puede atacar cualquier enfermedad.
Por ejemplo, leí el caso de una mujer que toda la vida había estudiado para ser actriz, y quería ser una gran actriz. De pronto, encuentra al amor de su vida. Se casa, este hombre viajaba por todo el mundo para hacer negocios y ella cree que su lugar es estar al lado de su marido. Recién casada, está al lado de su marido y decide viajar con él a todo el mundo.
Esta mujer se termina enfermando. Y la gente le preguntaba: "¿Cómo puede ser, teniendo tan buena posición económica, conociendo tantos lugares del mundo, habiéndote enamorado de un hombre que te ama, que te quiere, que te cuida, que te protege, de pronto, te enfermaste?" Porque había una disonancia entre lo que ella quería, entre su anhelo, su deseo, y lo que estaba haciendo. Y eso hizo que su cuerpo se enfermara.
Cuanto más lejos estamos de nuestro sueño, de nuestro deseo, es más probable que nos enfermemos.
Tal vez tu cuerpo se enfermó porque está hablando de algo que no querés escuchar. Quizás tu alma está gritando algo a través de tu cuerpo, tu mente está gritando algo a través de tu cuerpo, porque vos no querés escuchar. Y estás en disonancia con lo que tu cuerpo y tu alma quieren. Entonces, ahí es donde Dios va a intervenir. Y esto es lo que tenemos que tener en claro.
Dios va a intervenir justamente en esa enfermedad. Vos creés que Dios tiene que intervenir en tu cuerpo y está bien. Él lo puede hacer. Pero Dios quiere atacar el problema de raíz y quiere intervenir en tu alma. Dios quiere sanar tu espíritu. Él quiere sanar lo que internamente vos no ves, pero que te está produciendo dolor. Y Dios quiere sanarlo.
Dios quiere ir más allá de nuestro cuerpo físico. ¿Por qué? Porque Él nos quiere redimir y eso quiere decir que nos quiere poner en libertad. Muchas veces a lo largo de nuestra vida nos encontramos en cárceles, encerrados por lo que queremos y no podemos, por lo que deseamos y no hacemos, porque vivimos haciendo lo contrario a lo que nos gustaría o desearíamos hacer. Y eso nos termina enfermando.
Dios nos dice: "Yo voy a ir a la raíz de la enfermedad y voy a sanar esa enfermedad, que es más profunda que tu enfermedad física." Porque lo físico se ve, pero lo otro no se ve, y Dios quiere sanar tanto lo que no se ve como lo que se ve.
En Mateo 18:7 dice: "Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y arrójalo." No es que vas a hacer eso. No es que lo vas a tomar literalmente. Lo que te está diciendo es que para Dios lo externo es tan importante como lo interno. O sea, para Dios sanarte internamente es tan importante como sanarte el cuerpo. Y dice: "Si tu mano o tu pie te hace pecar, córtalo y arrójalo." Más importante es sanar algo que Dios está viendo, que es la raíz de todas tus enfermedades. Dios tiene poder para sanar lo más profundo de nuestro ser.
En Hebreos capítulo 11 vas a encontrar hombres y mujeres que son los héroes de la fe, que lograron un montón de cosas por usar su fe, pero otros que también usaron su fe, porque acá no está en juego la fe que tengas. Y dice de otros que también usaron su fe: "No tuvieron lo que quisieron." ¿Cuántos no tuvieron lo que quisieron a pesar de la fe que pusieron?
¿Cuántas veces usaste tu fe pero no obtuviste lo que querías? Dice: "No obtuvieron lo que quisieron". Dice: "Fueron muertos a golpes, otros sufrieron burlas y azotes, cadenas, cárceles, anduvieron fugitivos, asesinados a filo de espada, pasando necesidad, afligidos o maltratados." Pero Dios estaba haciendo algo en ellos y estaba usando su fe, a pesar de que no recibieron lo que ellos quisieron, porque Dios los estaba preparando para algo mayor. Yo quiero decirte que Dios te está preparando para algo mayor.
Pero como los seres humanos nos conformamos con tan poco, y creemos que lo más importante en nuestra vida es nuestro cuerpo físico y le damos tanto valor, no quiere decir que no tenga valor, pero te quiero decir que Dios también considera otras cosas cuando sana, porque cuando Dios no te sana físicamente, justamente está sanando algo igual. Dios está sanando pero yo no veo la sanidad física. Pero Dios está sanando algo, porque Dios tiene un objetivo más grande que lo que nosotros vemos.
El ciego de Betsaida: Había un ciego y los discípulos se lo traen a Jesús. Jesús lo toma de la mano y lo lleva fuera de la aldea, fuera del pueblo, le unta los ojos y demás y le dice: "¿Qué ves?" Y el ciego que empezó a ver un poquito, le dijo: "Veo hombres que parecen árboles que caminan." Parecen árboles que caminan. O sea, la indicación era que no estaba viendo bien.
Y a veces nos conformamos con tan poco. No importa, la cosa es que veo algo. "Sí, me duele la rodilla, pero por lo menos camino." "Ahora ya no se emborracha más, pero tiene una depresión profunda, pero, por lo menos, no se emborracha." Y a veces nos conformamos con tan poco en la vida.
Y este hombre dijo: "Y, más o menos veo. Jesús, ya está." Jesús dice: "No, vení de nuevo." Y le hace un segundo toque. "¿Y ahora qué ves?"  "Ahora veo claro." Y Dios quiere que veamos claro. Por eso Dios tiene que sanar la raíz. Es más importante para Dios sanar la raíz que tal vez sanar el cuerpo físico. El cuerpo físico lo va a sanar, pero primero tiene que trabajar con la raíz.
Quiero levantarle la fe a toda la gente que ha orado años por una persona enferma, y esa persona se ha muerto. Y te bajoneó la fe, y te seguís haciendo esa pregunta. Quiero hablarte a vos que tenés ese familiar enfermo, que hace años que estás soltando fe y no pasa nada. Para que no te bajonees, para que no te cuestiones la fe, para que sepas que Dios está haciendo algo más grande. Dios, aunque no veas la sanidad física, está sanando algo.
Yo sé que no es fácil digerir esto, pero lo estoy haciendo por algo especial, porque ya en esta iglesia nosotros siempre te hablamos de sanidad, y sabemos y hemos visto cantidad de milagros. Y sabemos que Dios sana y le da placer hacerlo, y lo va a seguir haciendo y Dios va a sanar a ese familiar.
Pero estoy hablando para aquellos que han perdido la fe, cuestionado su fe, o a Dios. Y Él  está haciendo algo más grande, que ahora te voy a explicar.
Dice Filipenses 1:6: "El que comenzó tan buena obra en ustedes, la irá perfeccionando hasta el día de Cristo Jesús." Ahora, ¿hasta cuándo la va a ir perfeccionando? ¿Acá dice: Hasta el día que te mueras? No dice hasta el día que te mueras. Dice hasta el día de Cristo Jesús. No es hasta el día que te mueras. Él nos seguirá perfeccionando, aún después de nuestra muerte.
El Señor tiene una tarea más grande que nuestros pocos años en esta tierra. ¿Por qué? Porque Dios nos ha creado para la eternidad. La eternidad significa lo que vivimos acá y lo que vivimos después que morimos. La tarea del Señor no es solamente en esta tierra, es también trascender nuestro cuerpo físico.
Por eso, Él está perfeccionando la tarea hasta que Él venga, no hasta que yo me muera, sino hasta Su venida. O sea, que hay un perfeccionamiento interno que se va dando. Por eso, para Dios es tan importante trabajar en la raíz, porque nuestro cuerpo tarde o temprano va a desaparecer.
Todos nos vamos a morir en algún momento. Todos vamos a tener que pasar por ese momento. Cuanto más tarde, mejor. Cuanto más lejos, mejor. Pero en algún momento, este cuerpo va a desaparecer. Por lo tanto, Él sigue perfeccionándonos.
Hay una tarea grande que Dios tiene que hacer en nosotros. Hay cosas en las que Él está interesado en trabajar y sanarnos. ¿Cuántos fueron sanados desde que llegaron a este lugar? ¿Cosas internas en que fueron sanados, que sintieron que crecieron, que maduraron mucho? Todos hemos sido sanados y estamos siendo sanados todos los días porque a Dios le encanta sanarnos.
Y tal vez no sana tu cuerpo físico pero está sanando una raíz, algo está sanando. Tal vez no te sane ahora físicamente, pero te sane más adelante, o tal vez vos no te sanes en este momento, pero Dios dice: "Yo estoy haciendo una tarea profunda." No es que tu fe no sirve, es que es más importante lo que Dios está haciendo.
En Juan 11:5 Jesús dijo: "Yo soy la resurrección y la vida. Y el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá." Porque nuestra vida no es una telenovela que tiene un capítulo inicial y un capítulo final. Nuestra vida es una escena heroica, una gesta heroica. Nuestra vida tiene un comienzo en Dios, pero vivimos por la eternidad.
La muerte simplemente es un paso. Nada más que un paso, pero nosotros estamos tan aferrados a la vida, y está bien que lo estemos, estamos tan aferrados a ella que no entendemos que la muerte ya ha sido vencida por Jesucristo. O sea, la muerte ni siquiera nos puede matar. ¿Por qué? Porque hemos sido resucitados con Cristo Jesús.
Les cuento un caso. Una mujer se enferma de una enfermedad terminal. Toda su vida se había llevado mal con su marido. El marido nunca estaba con ella y ella, cuando se enferma, les pide a familiares que la cuiden, porque necesitaba de cuidado especial. Y nadie podía cuidarla.
Pero el marido se ofrece y le dice: "Yo quiero cuidarte." "Yo quiero hacer con vos lo que nunca hice en todos estos años que estuvimos juntos." Y ella le dice: "De ninguna manera, vos no vas a venir a hacer de este momento de mi dolor lo que no hiciste antes." Y no permitía que su marido la cuidara. Pero como no había nadie para cuidarla, al final tuvo que aceptar que el marido la cuidara.
Y en esos meses, el marido fue muy atento con ella. Estuvo todo el tiempo a su lado, la cuidó, la mimó, le pudo decir cuánto la amaba. Le pudo pedir perdón en un montón de cosas. Y así estuvo todos esos meses, hasta que ella logró perdonarlo a él. Y él logró sentirse perdonado.
Pero esta mujer murió. Pero murió en libertad y es lo que dijo el marido: "Ella murió libre y pudo perdonarme. Y yo pude perdonarme y ella también me vio libre a mí." O sea, hubo dos sanados en esa historia. Uno murió, el otro siguió vivo. Pero los sanados fueron dos.
Te estoy diciendo que Dios a veces hace cosas de una manera que nosotros no podemos entender. Tal vez, lo importante para esta mujer no era la salud física, sino sentir libertad interna. Y a veces tenemos que lograr ese nivel de sanidad, la libertad interna.
Hablando con una mujer, yo le decía: "Vos estás sosteniendo la vida de los demás. Y te metiste en un rol en que estás sosteniendo la vida de los demás, y no podés salirte de ese rol, donde estás prisionera, porque sos la fuerte de la casa. Y, sin darte cuenta, te convertiste en una esclava de tu propio rol, porque no te podés enfermar, no podés estar mal. Todo el mundo te viene con los problemas, tenés que andar sosteniendo. ¿Hasta cuándo?"
Uno sabe que cumple un rol, cuando es bueno y sano, cuando tiene libertad para cambiarlo cuando quiere. Pero si no tengo esa libertad, y siempre tengo que ser la fuerte, la buena, la que quiere a todo el mundo, la que hace silencio. Si no soy libre para moverme en ese rol, entonces el rol me está enfermando. Pero tengo la capacidad para moverme de los roles y hoy estar bien, mañana mal, hoy sostengo, mañana me sostienen.
Por eso, sabé que Dios quiere trabajar un poquito más allá de tu enfermedad. Que la quiere sanar, ¡claro que sí! Pero Él está trabajando en algo más profundo.
Tal vez en ese familiar querido está trabajando en algo más profundo. Tal vez en ese familiar que murió trabajó en algo más profundo, que iba a necesitar después.

    Yo no sé qué es lo que Dios está haciendo, porque a veces no tenemos explicación de las cosas que Dios hace ahora. Lo único que sé es que Dios siempre está sanando, aunque no vea sanidad física.
    Yo no sé cuándo vas a recibir esa explicación. Pero quiero decirte que la fe que tuviste es una fe virtuosa. La fe que tuviste, todo lo que hiciste, estuvo bien, y Dios sanó a través de esa fe que tuviste. Dios hizo algo en esa persona por la que estuviste orando, a la que ungiste con aceite. Tal vez se murió. Tal vez aún hoy sigue enferma. Pero Dios está trabajando y todo lo que hiciste estuvo bien.

Nunca juzgues tu fe. Nunca critiques todos los recursos que usaste. Mantenete firme, porque Dios está haciendo algo. Dios siempre está en control. Que nadie desaliente tu fe.
No te desalientes, porque a veces ves que el otro se sana y tu familiar no se sanó.

    "¿Será por mi poca fe?"
    "¿Qué ha pasado acá?"
    "Algo hice mal."
    "¿Qué otra cosa tendría que haber hecho?"

Que nadie desaliente tu fe, lo que hiciste estuvo bien hecho. Tenés que usar los recursos hasta último momento.
Todo lo que te venga a la mano para hacer, tenés que hacerlo, y si Dios está en ese momento decidido a sanarlo, va a sanar su cuerpo físico, pero si no sana su cuerpo físico, ha sanado algo de raíz, y yo te puedo asegurar que vos te vas a enterar.
Hay tratamientos para personas adictas, y el adicto llega un momento en el que ya no puede vivir en la casa. Tiene que ir a internarse a algún lugar para hacer el tratamiento de adicción. Ya no puede estar en la casa. Y si los padres no sueltan a esos hijos para que vayan a hacer el tratamiento, y los siguen teniendo en su casa, y no reciben la ayuda de afuera es muy difícil que ese hijo se sane, porque necesita ese tratamiento de afuera. Si yo lo sigo reteniendo, ese hijo nunca va a poder crecer y sanarse. Y a veces, el cuerpo te retiene. A veces las personas retenemos a otras. Así que necesitan ser libres para sanar algo.
Hay algo que hay que sanar, que tal vez no tenga que ver con el cuerpo físico. El cuerpo físico sí se enfermó, pero hay una raíz que hay que sanar y es necesario que permitas ese momento. Hay algo que Él está sanando y debés permitir que Dios fluya en su vida.
No todo tiene que ver con nosotros. "Entonces, no tuve fe, no se sanó." Hay cosas que son personales de Dios con la persona enferma. Y la persona enferma sabe qué cosas Dios está tratando y sanando. Tal vez, no te la dice, porque Dios, aunque no veas la sanidad física, siempre está sanando.
La muerte es un trámite, no tiene poder, es un paso simplemente. A veces, los hijos de Dios tenemos más miedo a la muerte que otras personas, cuando somos los que tenemos que estar más seguros. La muerte es un paso. Ninguno de nosotros quiere estar enfermo, ni queremos morirnos. Por lo menos, queremos que sea lejos. Y está muy bien. Por eso usamos todos los recursos y los vamos a seguir usando.
Pero si ya se murió la persona, no te culpes, la muerte es sólo un trámite. Y la muerte no puede retener a nadie, porque Jesucristo es la resurrección y la vida, y si Él entró en tu corazón, ya te dio resurrección y vida. Si Él pudo darte vida cuando estabas muerto, como dice la Palabra, en tus delitos y pecados, si Él pudo cambiar nuestro corazón de piedra por un corazón de carne, como no nos va a dar vida juntamente con Él. La muerte no tiene el poder de retenernos, es un trámite. Pero Él perfeccionará la obra aún más allá de nuestra muerte.

Joaquín era un hombre que todos los días iba a la iglesia. Entraba y se quedaba sentado en una silla. Todos los días venía el pastor y lo veía sentado en la silla. Un día, el pastor se dijo: "Le voy a preguntar por qué viene todos los días y se queda todo el día sentado en una silla." Y entonces le dijo: "Dígame, ¿por qué viene usted acá todos los días, y se queda sentado?  Lo veo horas y horas, sentado."
Le dijo: "Porque no tengo trabajo y hasta que lo tenga, vengo todos los días, me siento y digo: "Jesús, acá está Joaquín."
Un día se enfermó, lo llevaron al hospital y lo internaron. Estaba internado y, de pronto, el ambiente del hospital empezó a cambiar. Todos los que se acercaban a Joaquín, o cuando Joaquín se acercaba a un enfermo, ese enfermo se reía, estaba contento, feliz.
Empezaban a haber sanidades alrededor de él. Él estaba bien. Entonces, vinieron las enfermeras. Era tan lindo el clima de lo que ocurría en esa sala que le preguntaban a Joaquín: "¿Cómo puede ser que con la enfermedad que tenés, estés tan bien y le des tan buen ánimo a todo el mundo?" "Ah, porque yo tengo una visita especial todos los días." "¿A sí, quién viene a verlo?" "Ah, todos los días viene Jesús y me dice: 'Joaquín, acá está Jesús.'

Cuando vos hacés cosas que tal vez hoy te parece que no tienen sentido, y oraste por ese enfermo, lo ungiste con aceite, lo trajiste a este lugar, trajiste su ropa, vos le estabas diciendo: "Jesús, acá estoy." Y te puedo asegurar que todo eso tiene resultado porque un día va a venir el Señor y te va a decir: "Acá estoy yo y no te preocupes. Algo estoy haciendo. Porque yo me deleito en darte sanidad."
En esta iglesia sabemos que a Dios le gusta sanar, que Dios tiene poder para sanar. Yo quería dejarte esta palabra: Que nadie desaliente tu fe.
He tratado con personas que tienen familiares con enfermedades graves, o que se han muerto y se cuestionan su fe, cuestionan su fe, cuestionan a Dios. No cuestiones nunca ni tu fe, ni a Dios. Hiciste todo lo que tenías que hacer. Pusiste toda la fe que tenías y Dios sanó. Tal vez no sanó su cuerpo físico, pero sanó porque Dios siempre sana. Y a Dios le gusta sanar de raíz, especialmente aquellas enfermedades que han surgido porque nos hemos mentido a nosotros mismos, y estamos viviendo una vida que no es la que en realidad queremos vivir.
Por eso, Dios va a trabajar en la raíz de todo nuestro dolor, porque la muerte es sólo un trámite. El cuerpo es un traje que nos ponemos por un tiempo, nada más, pero hay algo que Dios tiene que perfeccionar, porque Él nos ha preparado para una vida eterna, que es esta vida, más todo lo que viene después de la muerte. Dios nos está perfeccionando.
Hay algo hermoso que viene. No es solamente los años que vivís. Está bien orar, cuidar, si lo tenés que hacer, y acá te enseñamos a hacerlo, pero que nadie nunca desaliente tu fe, porque has hecho todo lo que tenías que hacer.
Por eso vamos a continuar haciendo todo lo que tenemos que hacer, vamos a orar por sanidad y vas a salir de aquí creyéndole a Dios, que Él está sanándote a vos o a ese ser querido.
 

Dolce Tentazione